Emilia Pardo Bazan La cita Alberto Miravalle, excelente muchacho, no tenía más que un defecto: creía que todas las mujeres se morían por él. De tal convencimiento, nacido de varias conquistas del género fácil, resultaba para Alberto una sensación constante, deliciosa, de felicidad pueril. Como tenía la ingenuidad de dejar traslucir su engreimiento de hombre irresistible, la leyenda se formaba, y un ambiente de suave ridiculez le envolvía. Él no notaba ni las solapadas burlas de sus amigos en el círculo y en el café, ni las flechas zumbonas que le disparaban algunas muchachas, y otras que ya habían dejado de serlo. Dada su olímpica presunción, Alberto no extrañó recibir por el correo interior una carta sin notables faltas de ortografía, en papel pulcro y oloroso, donde entre frases apasionadas se le rendía una mujer. La dama desconocida se quejaba de que Alberto no se había fijado en ella, y también daba a entender que, una vez puestas en contacto las dos almas, iban...
José Emilio Pacheco Escritor mexicain (1939 - 2014) TraducciónAbdenaji Aitlhaj La lechera La lechera hacía proyectos mientras caminaba por la ciudad. De pronto, ella, su jarra y sus ilusiones se volvieron añicos en la explosión nuclear. بائعة الحليب بائعة الحليب رسمت مشاريعها ، و بعدها مضت في المدينة باكرا ، هي ، أجرتها و آمالها أصبحوا .أشلاء جراء الإنفجارالنووي
El humo del guiso En las ciudades orientales hay calles en las cuales los cocineros preparan los platos más exquisitos en la calle, y la gente se agolpa alrededor de sus puestos para comer y comprar. A uno de estos puestos ambulantes, se acercó un día un pobre. No teniendo dinero para comprar alguna cosa, puso su pan sobre una olla de guisado, lo impregnó del humo apetitoso que salía y se lo comió ávidamente. Pero precisamente aquella mañana el cocinero no había hecho buenos negocios y estaba de mal humor. Por eso se volvió con ira al pobre y le dijo: Págame lo que has tomado. Pero yo no he tomado de tu cocina más que humo, repuso el pobre. ¡Págame el humo!, tronó el cocinero enfurecido. La cosa terminó en el tribunal. El Sultán llamó a asamblea a todos los sabios del reino y les propuso resolver la cuestión. Comenzaron a discutir y a matizar la cuestión: Algunos daban la razón al uno, con el pretexto de que el humo pertenece al dueño del guisado, y otros al otro...
Commentaires
Enregistrer un commentaire