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مجلة المصباح دروب أدبية || أدبية ثقافية إبداعية: مفاتيح السعادة | قصة شعبية ...* بقلم: عبد الناجي آ...

مجلة المصباح دروب أدبية || أدبية ثقافية إبداعية: مفاتيح السعادة | قصة شعبية ...* بقلم: عبد الناجي آ... : ➽⏬ في أحد الأبعاد الظليمة و الخفية للكون تم اجتماع لكل الآلهة العظيمة للعصور القديمة الراغبة في القيام بمزحة كبيرة للإنسان. في الواقع ،...

Juan José Millás: Mi tio

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MI TÍO Juan José Millás   Tuve un tío carnal, y perdonen la redundancia (no he conocido a ninguno que no sea de carne), que vendía cepillos de dientes, lo que se consideraba una actividad de mucho futuro hace años, cuando apenas el 8% de la población se ocupaba de la higiene bucal. Mi familia siempre ha trabajado en actividades con mucho futuro, aunque escaso presente: somos muy pioneros. De hecho, una vez que los cepillos de dientes comenzaron a ser un negocio de verdad mi tío carnal se dedicó a la venta de desodorantes, pese a que ni siquiera se había inventado la axila, que sustituyó, si ustedes recuerdan, al sobaco.  Un día le oí hablar a mi madre de mi tío, que era su hermano, y dijo que le daban ganas de llorar cuando se lo imaginaba en los hoteles o en las pensiones, por la noche, lavándose los calcetines, porque mi tío, pese a vender higiene bucal, se lavaba los calcetines más que los dientes, y luego los tendía en la barra de la cortinilla de la bañera. Se me ...

EL OTRO : Juan José Millás

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EL OTRO    Juan José Millás  Cuando me dijeron que no puedo ser Juan José Millás en Internet porque alguien se lo ha pedido antes que yo, mi primer impulso fue poner una denuncia. Luego, como el abogado me salía más caro de lo que valgo, de-cidí dejar las cosas como están. Ese loco que pretende ser yo no tiene ni idea, pues, de la vida que le espera. Si ha de pasar en la existencia digital por la mitad de lo que yo he pasado en la analógica, no tardará en salir corriendo de mi cuerpo. Entre tanto, me divierte asomarme cada día al ojo de cerradura de la Red y ver a qué se dedica mi reflejo cibernético. De momento, no se dedica a nada: está ahí el pobre, en medio de un escaparate desolado, esperando que alguien lo compre. Pero quién va a comprarlo. ¿Quién va a comprar un Juan José Millás binario, por favor? No tiene ni idea el individuo que se ha metido en mi pellejo lo que me cuesta venderme cada día. Y eso que en la versión analógica sé arreglar enchufes y r...

La próxima vez ( Por Silvina Ocampo)

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La próxima vez Por Silvina Ocampo Ella estaba muriendo, imaginando su propia muerte. La luz de la tarde bañaba los objetos en un brillo extraordinario. Nunca los había visto tan nítidos. También vio las caras que venían a visitarla. Una se distinguía entre todas. No lloraba. ¿Por qué no lloraba? Estaba apoyada contra una pared con cuadros que reproducían a los miembros más importantes de la familia. Una curiosidad malsana se apoderó de ella, una irritación que no podía controlar. Su corazón latía vertiginosamente, a tal punto que no podía mantener sus ojos quietos. La  que no lloraba estaba devorando con sus miradas a alguien; no se movía de su  puesto de observación. ¿A quién miraba?. Quiso incorporarse para ver lo que no  alcanzaba a ver, pero, aún moribunda, se desplomó. Presintió lo que sucedía.  Detrás del biombo de la sala apareció la misteriosa persona que invitaba a todos  los ojos a mirarla. Sintió que se le paralizaba el corazón. Se...

Felicidad clandestina (Clarice Lispector)

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FELICIDAD CLANDESTINA Clarice Lispector Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería. No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos". Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente m...

Noche en el hotel (Por Slawmer Mrozek)

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Noche en el hotel Por Slawmer Mrozek   Ya iba a dormirme, cuando detrás de la pared resonó un fuerte golpe. —Eso es, ahora comienza —pensé— Igual que en aquella anécdota.  El vecino se quitó el zapato y lo dejó caer al suelo. Ahora no dormiré, mientras no se quite el otro zapato; quién sabe cuánto tardara. Qué alivio: en seguida llegó el otro golpe. Ya iba a dormirme, cuando detrás de la pared se oyó el tercer ruido, sordo, y me privó del sueño. No lo esperaba. ¿Mi vecino tendría tres pies? Imposible.  Luego, ¿se puso de nuevo  un zapato y se lo quitó otra vez? Es poco probable. Tal vez tenga dos vecinos. Y empezó mi tormento, exactamente como lo había previsto. Lo único que me  permitía resistir era la certeza de que tendría que quitarse el otro zapato en algún momento. Sin embargo, la noche pasaba, y el segundo, es decir, el cuarto ruido no llegaba y no llegaba. No pegué el ojo en toda la noche y por la mañana bajé a desayunar completam...

La revolución (Por Slawmer Mrozek)

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La Revolución Por Slawmer Mrozek   En mi habitación la cama estaba aquí, el armario allá y en medio la mesa. Hasta que esto me aburrió. Puse entonces la cama allí y el armario acá. Durante un tiempo me sentí animado por la novedad. Pero el aburrimiento acabó por volver. Llegué a la conclusión de que el origen del aburrimiento era la mesa, o mejor dicho, su situación central e inmutable. Trasladé la mesa allí y la cama en medio. El resultado fue inconformista. La novedad volvió a animarme, y mientras duró me conformé con la incomodidad inconformista que había causado. Pues sucedió que no podía dormir con la cara vuelta a la pared, que siempre había sido mi posición preferida. Pero al cabo de cierto tiempo la novedad dejó de ser tal y no quedó más que la incomodidad. Así que puse la cama aquí y el armario en medio. Esta vez el cambio fue radical. Ya que un armario en medio de una habitación es más que inconformista. Es vanguardista. Pero al cabo de cierto tiempo…Ah, si no f...