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PUREZA DE CORAZÓN

PUREZA DE CORAZÓN Se trataba de dos ermitaños que vivían en un islote cada uno de ellos. El ermitaño joven se había hecho muy célebre y gozaba de gran reputación, en tanto que el anciano era un desconocido. Un día, el anciano tomó una barca y se desplazó hasta el islote del afamado ermitaño. Le rindió honores y le pidió instrucción espiritual. El joven le entregó un mantra y le facilitó las instrucciones necesarias para la repetición del mismo. Agradecido, el anciano volvió a tomar la barca para dirigirse a su islote, mientras su compañero de búsqueda se sentía muy orgulloso por haber sido reclamado espiritualmente. El anciano se sentía muy feliz con el mantra. Era una persona sencilla y de corazón puro. Toda su vida no había hecho otra cosa que ser un hombre de buenos sentimientos y ahora, ya en su ancianidad, quería hacer alguna práctica metódica. Estaba el joven ermitaño leyendo las escrituras, cuando, a las pocas horas de marcharse, el anciano regresó. Estaba compungido, ...

DE LAS MIL Y UNA NOCHES : CUENTO DEL TERCER JEQUE

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CUENTO DEL TERCER JEQUE “¡Oh sultán, jefe de los efrits! Esta mula que ves aquí era mi esposa. Una vez salí de viaje y estuve ausente todo un año. Terminados mis negocios, volví de noche, y al entrar en el cuarto de mi mujer, la encontré con un esclavo negro, estaban conversando, y se besaban, haciéndose zalamerías. Al verme, ella se levantó, súbitamente y se abalanzó a mí con una vasija de agua en la mano; murmuró algunas palabras luego, y me dijo arrojándome el agua: “¡Sal de tu propia forma y reviste la de un perro!” Inmediatamente me convertí en perro, y mi esposa me echó de casa. Anduve vagando, hasta llegar a una carnicería, donde me puse a roer huesos. Al verme el carnicero, me cogió y me llevó con él. Apenas penetramos en el cuarto de su hija, ésta se cubrió con el velo y recriminó a su padre: “¿Te parece bien lo que has hecho? Traes a un hombre y lo entras en mi habitación.” Y repuso el padre: “¿Pero dónde está ese hombre?” Ella contestó: “Ese perro es un hombre, L...

Ambrose : Tres fabulas

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Un optimista Dos ranas consideraban su circunstancia en el vientre de una víbora.  —Esto es mala suerte —afirmó una. —No adelantes conclusiones —respondió la otra—; no padecemos de humedad y se nos provee de comida y alojamiento. —De alojamiento, ciertamente —aseguró la primera rana—; pero no veo la comida. —¡Eres un animal! —explicó la otra. Nosotras somos la comida. El perro y el médico Un perro que vio asistir a un médico al sepelio de un paciente adinerado, le preguntó: —¿Cuándo lo desenterrarás? —¿Por qué habría de hacerlo? —respondió el médico. —Cuando entierro un hueso —dijo el perro—, lo hago con la intención de escarbar más tarde para roerlo. —Los huesos que yo sepulto —puntualizó el médico— son aquellos que ya no puedo roer. La viuda devota A una viuda que lloraba sobre la tumba de su esposo, se le acercó un caballero encantador, quien, con modales respetuosos, le aseguró que hacía mucho tiempo que albergaba los más tiernos sentimientos ...

Los tres hijos y el tesoro

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Los tres hijos y el tesoro Se dice desde tiempos remotos que más allá de las siete colinas, un anciano, enfermo y acechado por la muerte, hizo llamar a sus tres hijos: Sabed, hijos míos, que guardo un tesoro. Al que me traiga agua mágica para curarme del mal que me consume, le revelaré el lugar donde se esconde mi fortuna. Así, se fueron los tres hermanos, un buen día, en busca del agua mágica. Tras cinco largos días y cinco largas noches andando, llegaron por fin al alba, a un calvero del bosque. Los rayos del sol descubrían tres caminos. El primogénito, Akli, el malvado, el que llevaba en su interior el veneno del mal, escogió el camino más bonito, bordeado por árboles repletos de flores y frutos. Saíd, el avaro, el que no compartía nunca su trozo de pan ni sus dátiles, decidió tomar el segundo camino, también muy verdoso. En cuanto a Omar, el generoso, el más gentil de los tres hermanos, le impusieron el camino más árido, pedregoso y desierto, que ninguno de los o...

La tortuga y los dos patos

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La tortuga y los dos patos Se dice que en una fuente vivían dos patos y una tortuga,  unidos por fuertes lazos de amistad. Llegón un momento que el agua de la fuente disminuyó en proporciones considerables. Los patos decidieron entonces que tenían que marchar de allí y viajar hacia otros lugares. Fueron a despedirse de la tortuga: -¡Dios te guarde! Tenemos que partir. - Sólo la gente como yo, respondió la tortuga, sufre cuando el agua se agota, porque yo no puedo vivir si no estoy cerca de ella. Encontrad alguna solución, llevadme con vosotros, suplicó. - Sólo podemos hacerlo con una condición: mientras te transportamos, no debes responder nada a los que viéndote, señalarán tu camino. - Por supuesto, pero ¿de qué forma se os ocurre que me podéis llevar? - Tú cogerás por el medio, entre tus mandíbulas, un trozo de madera que nosotros tomaremos, cada uno por un extremo. La idea gustó a la tortuga y los dos patos la evaron con su vuelo. Las ge...

Cuento arabe : El humo del guiso

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El humo del guiso En las ciudades orientales hay calles en las cuales los cocineros  preparan los platos más exquisitos en la calle, y la gente se agolpa alrededor de sus puestos para comer y comprar. A uno de estos puestos  ambulantes, se acercó un día un pobre. No teniendo dinero para comprar alguna cosa, puso su pan sobre una olla de guisado, lo impregnó del humo apetitoso que salía y se lo comió ávidamente. Pero precisamente aquella mañana el cocinero no había hecho buenos negocios y estaba de mal humor. Por eso se volvió con ira al pobre y le dijo: Págame lo que has tomado. Pero yo no he tomado de tu cocina más que humo, repuso el pobre. ¡Págame el humo!, tronó el cocinero enfurecido. La cosa terminó en el tribunal. El Sultán llamó a asamblea a todos los sabios del reino y les propuso resolver la cuestión. Comenzaron a discutir y a matizar la cuestión: Algunos daban la razón al uno, con el pretexto de que el humo pertenece al dueño del guisado, y otros al otro...

Opiniones ajenas

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Opiniones ajenas Un abuelo y su nieto se encaminaron un día a una aldea vecina para visitar a unos familiares, por lo que se acompañaron de un borrico a fin de hacer más llevadera la jornada. Iba el muchacho montado en el burro cuando al pasar junto a un pueblo oyeron: -¡Qué vergüenza! El jovencito tan cómodo en el burro y el pobre viejo haciendo el camino a pie. Oído esto decidieron que fuera el abuelo en la montura y el joven andando. Pero al pasar por otra aldea escucharon: -¿Viste al egoísta? Él bien tranquilo en el burro, y el muchachito caminando. Entonces acordaron que lo mejor sería montar los dos en el jumento y así atravesaron otro pueblo, donde unos lugareños les gritaron: -¿Qué hacéis vosotros? Los dos subidos en el pobre animal. ¡Qué crueldad, vais a terminar reventándolo! Vista la situación, llegaron a la conclusión de que lo más acertado era continuar a pie los dos para no tener que soportar más comentarios hirientes. Pero pasaron por otro lugar y...