La leyenda de Isli y Tislit . Lago de tislit(Marruecos) Esta es la historia de un amor imposible entre Ali que es un joven de la tribu de Ait Brahim y Zina que es una chica de la tribu de Ait Ya'za *. Su amor no pudo tener éxito porque las dos tribus estaban en guerra continua, una disputa de espacio que heredaron siglos antes. Por lo tanto, ni el padre de Ali toleraría que su hijo se casara con una chica de Aït Ya'za, ni el padre de Zina aceptaría que su hija se convierta en la esposa de un joven de Aït Brahim. Los dos amantes se dedicaron al amor puro, tan profundo que no podían vivir separados. Así que decidieron huir a la montaña de Isslan. Cuando llegaron allí, se sentaron y comenzaron a llorar por el destino que los había obligado a abandonar a sus padres, hermanos y amigos. Lloraron durante días. Las lágrimas que arrojaron pronto se convirtieron en dos lagos que llevaban sus nombres: Isli y Tislit. * Conscientes de que habían cometido un grave error al huir...
Unas palabras sobre el cuento (Augusto Monterroso) Si a uno le gustan las novelas, escribe novelas; si le gustan los cuentos, uno escribe cuentos. Como a mí me ocurre lo último, escribo cuentos. Pero no tantos: seis en nueve años, ocho en doce. Y así. Los cuentos que uno escribe no pueden ser muchos. Existen tres, cuatro o cinco temas; algunos dicen que siete. Con ésos debe trabajarse. Las páginas también tienen que ser sólo unas cuantas, porque pocas cosas hay tan fáciles de echar a perder como un cuento. Diez líneas de exceso y el cuento se empobrece; tantas de menos y el cuento se vuelve una anécdota y nada más odioso que las anécdotas demasiado visibles, escritas o conversadas. La verdad es que nadie sabe cómo debe ser un cuento. El escritor que lo sabe es un mal cuentista, y al segundo cuento se le nota que sabe, y entonces todo suena falso y aburrido y fullero. Hay que ser muy sabio para no dejarse tentar por el saber y la seguridad. (ترجمة عبدالناجي ايت...
Mi ciudad esta triste (Fadwa toqano) El día en que conocimos la muerte y la traición, se hizo atrás la marea, las ventanas del cielo se cerraron, y la ciudad contuvo sus alientos. El día del repliegue de las olas; el día en que la pasión abominable se destapara el rostro, se redujo a cenizas la esperanza, y mi triste ciudad se asfixió al tragarse la pena. * * * Sin ecos y sin rastros, los niños, las canciones, se perdieron. Desnuda, con los pies ensangrentados, la tristeza se arrastra en mi ciudad; el silencio domina mi ciudad, un silencio plantado como monte, oscuro como noche; un terrible silencio, que transporta el peso de la muerte y la derrota. ¡Ay, mi triste ciudad enmudecida! ¿Pueden así quemarse los frutos y las mieses, en tiempo de cosecha? ¡Doloroso final del recorrido! El poema en árabe (original)
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