ESOPO EL PERRO, EL GALLO Y LA ZORRA Cierta vez un perro y un gallo se unieron en sociedad para recorrer el mundo. Llegada una noche, el gallo subió a un árbol y el perro se recostó al pie del tronco. Y como era su costumbre, cantó el gallo antes del amanecer. Oyó su canto una zorra y corrió hacia el sitio, parándose al pie del árbol. Le rogó que descendiera, pues deseaba besar a un animal que tenía tan exquisita voz. Le replicó entonces el gallo que por favor, primero despertara al portero que estaba durmiendo al pie del árbol. Y entonces el perro, cuando la zorra buscaba como establecer conversación con el portero, le saltó encima descuartizándola. Es inteligente actitud, cuando encontramos un enemigo poderoso, encaminarlo a que busque a otros más fuertes que nosotros. الكلب و الديك و الثعلب ذات مرة اجتمع الكلب والديك في رحلة عبر العالم. و في ليلة ، صعد الديك فوق شجرة و رقد الكلب أسفل جدعها. وكما هي عادته ، صاح الديك عند طلوع الفجر. سمع الث...
I. EL PAR DE GUANTES —Es una historia muy singular, señor —dijo el inspector Wield, de la brigada de detectives de la policía, quien, en compañía de los sargentos Dornton y Mith,noshizo otra visita al atardecer, un día de julio—, y he pensado que le gustaría conocerla. »Se refiere al asesinato de la joven Eliza Grimwood, hace unos años, en Waterloo Road. La llamaban coloquialmente «la Condesa», por su belleza y su porte arrogante, y cuando vi a la pobre Condesa (llegué a conocerla bien, por así decir), muerta, degollada, en el suelo de su dormitorio, créame si le digo que me vinieron a la cabeza pensamientos muy lúgubres. »Pero eso no viene al caso. Me presenté en su residencia la mañana siguiente al asesinato, examiné el cadáver y procedí a hacer un registro general del dormitorio. Al levantar la almohada de la cama encontré un par de guantes. Un par de guantes de caballero, muy sucios, con las iniciales Tr. bordadas en el forro, y ...
El oso, el perro y el gato. (Cuento de Rusia) Érase una vez un campesino que tenía un buen perro. Pero el perro envejeció. Ya no podía ladrar o vigilar el patio y los graneros. El campesino ya no quería alimentar esta boca inútil. Lo sacó de la granja. El perro huyó al bosque y se tendió debajo de un árbol para morir. De repente vino un oso, que le preguntó: - ¿Pero por qué estás acostado aquí, perro? - ¡Estoy hambriento! Ves la justicia de los hombres de hoy. Mientras tengas fuerza, te alimentan y te dan de beber, pero cuando la vejez te quita la fuerza, simplemente te echan. - Perro, ¿entonces quieres comer? - Y cómo ! - Vamos, ven conmigo, te consentiré. Y se fueron juntos. En el camino, cruzaron un caballo. - Mírame - dijo el oso al perro, rascando el suelo con la pata. - ¡Perro, perro! - ¿Pero qué? - Mira mis ojos. ¿No están rojos de ira? - Sí, son rojos, oso. El oso continuó arañando el suelo para levantar su ira. - ¡Perro, perro! ¿Y no está...
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